Antes que nada, no pierda la calma y créase que su estadía en el laberinto será momentánea; de otra manera su memoria a largo plazo no podrá retener por mucho tiempo los mapas de los caminos que ya haya trazado o vaya descubriendo en el trayecto.
Avance, no tema equivocarse y trate de marcar de alguna forma por dónde ya ha pasado y verifique si hay atajos para llegar al último punto en el que esté.
Use sus instintos y trate de agudizar su inteligencia espacial, o sea la capacidad de ubicarse cardinalmente en un punto; en otras palabras, el sentido de orientación.
Si uno o varios caminos recurrentes que haya estado siguiendo no lo llevan a ningún lado o lo regresan al mismo sitio de partida, deje de usarlos y busque nuevos. Recuerde que su experiencia y aprendizaje son sus mejores armas.
No se desespere, Roma no se hizo en un día… La paciencia no es sólo una virtud de los reptiles.
Busque señales de aire fresco o de luz y sígalos, pueden significar que la salida está cerca.
No haga trampa. La mayoría de los laberintos tienen guardianes y cuando se percatan de acciones fulleras lo pueden castigar severamente. Si busca el camino correctamente, no tiene nada que temer y le aseguro que recibirá su recompensa.
Puede ser que llegue a encontrar una o más personas en el mismo laberinto; le aconsejo que se apoye de ellas siempre y cuando le aporten pistas o compartan sus propias experiencias; pero por ningún motivo se aferre a ellas, acuérdese que el pez grande se come al chico.
La verdad es que no existe una guía completa, ni mucho menos confiable del todo sobre cómo trazar caminos para cruzar un laberinto. Aún con una vista aérea es difícil en algunas ocasiones.
La última recomendación es que tampoco trate de jalar a terceros al laberinto en el que esté usted; recuerde que las reglas no lo permiten y sancionan severamente a quien lo haga.